Expand
  • Find us on Facebook
  • View Our YouTube Channel
  • Listen on Spotify
  • Follow us on Twitter
  • View our scores on nkoda
English Español

Nacido en Granada en 1934, siendo muy niño recibió las primeras impresiones musicales del cante flamenco. En 1936 su padre fue detenido y desapareció en los mismos días que el poeta Federico García Lorca. Pronto la familia se trasladó a Barcelona y él comenzó sus estudios de música con el maestro Antoni Pérez Moya y con su hijo Pérez Simó en la Escolanáa de Nuestra Señora de la Merced implicando: canto gregoriano, órgano, armonía, música de cámara. Inmediatamente ingresó en la Academia Granados, donde estudió, sobre toda, piano con la profesora Alicia de Larrocha y trabajó la composición con José Cercós y Manuel Blancafort. En 1949 recibió la beca Manuel de Falla del Ayuntamiento de Granada. Muy pronto comenzó a componer y sus primeras obras pianísticas, Suite grotesca (1950) y Tres danzas del Sur (1951), le dieron a conocer en el llamado Círculo Manuel de Falla de Barcelona, que organizaba desde 1947 conciertos con obras contemporáneas en el Instituto Francés de Barcelona. Este grupo de compositores e intérpretes ejerció una importante labor de puesta al día en una época caracterizada por el vacío y la atonía cuando no por un conservadurismo carente de interés. Ruiz-Pipó fue uno de los más jóvenes miembros del grupo, más bien suma de individualidades, en el cual se hallaban músicos como Joan Comellas, Josep Cercós, J. E. Cirlot, Manuel Valls, Ángel Cerdá, Josep Casanoves, Jordi Giró, Josep Maria Mestres Quadreny, Jaume Padrós, Emilia Fadini, Manuel Blancafort. El magisterio de Cristófor Taltabull fue decisivo en una buena parte de ellos.

El gobierno francés le otorgó una beca para cursar estudios en París. Maestros como el pianista Alfred Cortot y el compositor Jean Françaix hicieron de él un intérprete destacado e importante compositor. En la capital francesa obtuvo las máximas calificaciones en las licenciaturas de Enseñanza Superior e Interpretación. En la École Normale de París trabajó, además de con Alfred Cortot, con Blanche Bascouret de Guéraldy y con Yves Nat. También estudió la composición y la orquestación con Salvador Bacarisse y más tarde con Mauricio Ohana.

Si Ruiz-Pipó empezó a componer música siendo casi un niño, su carrera como concertista de piano comenzó a los quince años y no se ha detenido hasta poco antes de su muerte. Ha tocado en recital y como solista en las más importantes salas de concierto de Europa y de América actuando con grandes orquestas bajo la dirección de maestros como Charles Mackerras, Gilbert Amy, Pierre Dervaux, Antonio de Almeida, Ros Marbá y otros. Su carrera como pianista ha impedido que su obra creadora sea más numerosa, pero durante toda su vida cultivó la composición. No grabó sus propias obras, pero sí las de otros autores, interesándose especialmente por la historia de la música española, desde el P. Soler a Isaac Albéniz. Sus composiciones figuran en diferentes sellos discográficos y han sido editadas en España, Francia, Italia, Inglaterra, Estados Unidos y Japón.

Ha escrito y publicado numerosos trabajos musicológicos siendo colaborador del New Grove Dictionary of Music and Musicians. Hay que subrayar sus investigaciones sobre el clasicismo y el romanticismo, materializadas en excepcionales grabaciones ya históricas (P. Soler, clavecinistas vascos, Montero, Masarnau, Adalid, Brull, Sánchez Allú, Albéniz, Granados...) bien como solista o en música de cámara. Fue miembro de numerosos concursos internacionales y él mismo impartió cursos de interpretación en Viena, Praga, Amsterdam, Tokio v París. En esta última ciudad ejercio como profesor de piano de L’École Normale de Musique. También ha sido profesor de piano y asesor pedagógico de la Escuela Nacional de Música y Danza de Châteauroux.

En 1962, llevado por su inquietud musical fundó el festival de Bonaguil, al frente del cual figuró muchos años, ganáindose la medalla de la villa de Fumel. Fue distinguido por la Asociación de Amigos de George Bizet y se le concedió el título de miembro honorario de la Sociedad Bedrich Smetana de Praga.

Sus conocimientos musicológicos le llevaron hasta la radio, donde produjo interesantes programas en Radio France, Radio Nacional de España y Radio Canadá. Quien escribe estas líneas le conoció precisamente en Radio Nacional de España, cuando él presentaba también sus programas musicales con tintes musicológicos, en los que procuraba aportar nuevos enfoques a la historia de la música española.

Como excelente pianista que era, le atraía todo aquello que tuviese relación con el piano, fuese o no español. Por Albéniz sentía una especial devoción. Le tenía entre sus músicos predilectos, siempre después de su ídolo Falla, a quien siguió en el camino de búsqueda de antiguas raíces y eliminación de todo lo accesorio. En los últimos años de su vida grabó un disco compacto en el sello Koch-Schwann dedicado a obras de Albéniz poco conocidas.

Mozart, Schumann, Bizet, Debussy, los clásicos españoles como Montero, Nebra, Antonio Soler, fueron autores que también le gustaba interpretar al piano. Era un gran pianista y poseyó un estilo peculiar, muy limpio y elegante. Él mismo emanaba distinción y cortesía. Recuerdo que le llamé para que fuese solista de la Introducción y Allegro appassionato de Schumann, con la Orquesta Sinfónica de Madrid el año 1994, en un ciclo dedicado al romanticismo. La música de esta obra, tan raramente interpretada pese a sus muchas bellezas, no es la más adecuada al estilo pianístico de Ruiz-Pipó, alegre y espontáneo; sin embargo, él era, además de un gran profesional, hombre más apasionado de lo que aparentaba y por eso realizó un versión magistral. Creo que fue una de las últimas veces que tocó con orquesta junto con el estreno el 26 de agosto de 1994 en A Coruña de la Rapsodia española de Isaac Albéniz en su versión original. La OSM tuvo el detalle de rendirle homenaje el 21 de mayo de 1998 interpretando, bajo la dirección de Martínez Izquierdo, su Libro de Lejanía, obra de honda y melancólica vena poética, llena de ideas y de sentimientos intimos cuya aproximada significación nos es desconocida.

Conservo varias cartas de él, una de ellas muy emocionante, a partir de la crítica que publiqué sobre el citado disco de Albéniz. Y acaso ia clave de Libro de Lejanía pueda hallarse en su inequívoco amor a su tierra de origen y a la decepción que le producía el desinterés, no ya hacia su obra, sino hacia la gran música ibérica en España.

En Radio Nacional nos veíamos muchas veces en el despacho de Enrique Franco, chariábamos de mil cosas de música. Le gustaba especialmente la música de cámara y hablábamos de rarezas en este género. Él colaboró por entonces con el violinista francés Serge Blanc a dúo. Ambos grabaron algunos discos y dieron juntos numerosos conciertos. Luego formaron un trío, llamado Trío de París, con el cual tocaron en el festival de música de cámara de Manzanares el Real, que lleva mais de doce años celebrándose en julio en el castillo de los Mendoza de esa localidad madrileña.

Cuando venía a Madrid solíamos comer en El Luarqués, en la calle Ventura de la Vega. Discutíamos con pasión sobre música. Yo le informaba de las novedades del “mundillo” musical, de las filias y de las fobias de unos y otros, críticos e intérpretes. Reíamos mucho, pues siempre tuvo un gran sentido del humor.

En alguna de sus últimas cartas, después de haber pasado momentos difíciles con su enfermedad, se mostraba optimista. Recordaba con humor el dicho español “bicho malo, nunca muere”. No creía que pudiese morir tan pronto, pero en los últimos años sentía cada vez con mayor intensidad la llamada de la Música

Componía incesantemente obras de cámara y hasta un tercer Concierto para guitarra y orquesta, escrito en memoria del gran guitarrista español Narciso Yepes (1927–1997), cuya muerte, a comienzos del mes de mayo, le estremeció profundamente.

La obra de Antonio Ruiz-Pipó, a causa de su entrega la docencia, a las tareas radiofónicas y de gestión cultural, no es tan extensa como fuera deseable por su gran calidad.

Siempre poseyó un claro dominio de la escritura instrumental, sobre todo en sus obras para piano y para guitarra, además de un claro sentido de la forma. Las composiciones de sus últimos diez años de vida encierran cualidades fuera de serie. Nos parece extraordinario su Concierto para piano e instrumentos de viento, partitura de fuerte expresividad, lograda con un planteamiento sumamente sobrio y conciso. Falla no hubiese desdeñado firmar una obra de tal envergadura, donde no sólo el piano sino el conjunto de viento, despliega un virtuosismo admirable, pero exento de cualquier concisión a lo blando y fácil. Un neoclasicismo personal, enjuto y despojado de recursos fáciles, emparentado con el último estilo de Manuel de Falla, a quien él ponía como ejemplo de lo que debería ser la música de nuestra época. Es justo decir que cierta música francesa que podía tener a Poulenc como modelo, también fue muy querida por Ruiz-Pipó.

Entre sus obras anteriores a 1987 hay también partituras preciosas, como las Canciones y danzas y el Homenaje a Cabezón para guitarra o las magníficas Variaciones sobre un tema gallego (1984), todo un alarde de sus conocimientos del piano, donde un hondo andalúcismo emerge sobre el origen galaico de la composición. Con una de sus últimas cartas, ya muy enfermo, me sorprendió su tajante antiwagnerismo. Yo le había escrito contándole algo sobre el Festival de Bayreuth, al que acudí con mi esposa en 1997. Al escuchar la música de Ruiz-Pipó, se comprende, pues es radicalmente opuesta a la de Wagner. En la aversión hacia la obra del maestro alemán, él se mostraba coherente con sus convicciones estéticas.

Aunque se ha escrito que en la obra de Ruiz-Pipó es difícil percibir rasgos vanguardistas, para su pleno disfrute se exige una escucha más atenta que en bastantes composiciones llamadas “de vanguardia”. Hemos de agradecer a su esposa Ruth Wetzel la labor de difusión de un arte de primerísima línea, al que estamos seguros favorecerá el paso del tiempo.

© Andrés Ruiz Tarazona

Stay updated on the latest composer news and publications