2.picc.2.corA.2.bcl.2-4.3.2.btrbn1-perc(4):vib/guiro;crot/almglocken/whip/xyl/maracas;tgl/susp.cym/mark tree/caxixi/sleigh bells/tam-t/2big bean rattles/glsp;unpitched lithophone/BD/gong ageng/cabasa-harp-pft-strings
Abreviaturas (PDF)
Boosey & Hawkes (Hendon Music)
En abril de 1994, la arqueóloga Fanny López Jiménez descubrió en el Templo XIII de Palenque una subestructura, una puerta y un pasillo que la condujeron al hallazgo de tres recámaras; en una de ellas se encontraba el sarcófago de la llamada Reina Roja.
La osamenta hallada estaba cubierta de cinabrio, un mineral de intenso color rojo compuesto de mercurio y azufre, utilizado por los mayas para preservar los restos humanos. Fueron necesarios muchos años de investigación para determinar que aquellos restos pertenecían a una mujer y, más aún, para revelar su identidad. Hoy se sabe que la osamenta correspondía a Tz’akab Ajaw, esposa de Pakal “El Grande”.
Vagamente había escuchado hablar sobre la Reina Roja a partir de su hallazgo en Palenque, pero no fue sino hasta 2025 que, a sugerencia de la directora musical Alondra de la Parra, comencé a vislumbrar la posibilidad real de escribir una obra en torno a su descubrimiento y a su importancia para comprender mejor el papel de las mujeres en el período Clásico de la cultura maya.
Me di a la tarea de recaudar la mayor cantidad de información posible sobre el tema cuando, de pronto, me encontré con La Reina Roja, libro de la extraordinaria periodista Adriana Malvido, testigo presencial de uno de los grandes hallazgos arqueológicos del siglo XX. Sin duda, esta fascinante crónica me abrió una puerta que no imaginaba: la del mundo de los sentidos, del olfato, de los sonidos de la selva, de la observación y del lenguaje de las piedras y el cielo, pero, sobre todo, de la pasión por la curiosidad y el misterio de quienes fueron parte fundamental del saber de esta historia.
A partir de esta reflexión, mucho más enfocada en la experiencia humana y en la obsesión de aquellos a quienes la Reina Roja transformó la vida, comencé a imaginar las diferentes secciones de mi obra en su forma más pura y esencial.
La Reina Roja se compone de cinco partes contrastantes: I. Luminiscencia en rojo, II. Geometría de selva y piedra, III. Cinabrio, IV. Rostro malaquita y V. Tz’akab Ajaw.
Este arco narrativo representa, de alguna forma, dentro de mi propio imaginario sonoro, la fuerza y la pasión de todo aquello que forma parte de este mundo del pasado y del presente. Este viaje sonoro comienza con la alborada, donde todo resplandece en rojo: la intuición de la revelación de quien permaneció en silencio durante tantos años. Continúa con el lenguaje de la selva y las piedras que condujeron al hallazgo. Posteriormente escuchamos la fuerza primigenia del cinabrio, material precioso asociado a la muerte en la cultura maya; reconstruimos, con fractales de sonidos, el rostro malaquita y su belleza intrínseca, y terminamos con la celebración de finalmente conocer la identidad de la protagonista principal de esta historia.
También celebramos la pasión y la intuición de la arqueóloga Fanny López, quien nunca dudó que aquel hallazgo era la tumba de una mujer: Tz’akab Ajaw. Celebramos también la tenacidad
de Adriana Malvido para contarnos esta historia a través de los ojos y la voz de esta cultura ancestral.
La Reina Roja no solo atrapó la vida de Fanny o de mi querida Adriana; yo también me vi envuelta en un mundo de cinabrio sonoro, donde pude adentrarme a descubrir y escuchar la historia de Tz’akab Ajaw.
Quiero agradecer a Alondra de la Parra por comisionar este trabajo y por apoyar esta idea desde su inicio.
Gabriela Ortiz
Ciudad de México, 5 de mayo de 2026